Esta Generación es la primera de las tres que le darían la gran época de esplendor a las tertulias en los Cafés. Se discutía de arte, literatura, política, según le conviniese al público que acudía a participar en las tertulias. Estas nunca eran fijas, al menos en esta primera fase. Eran tertulias desenfadadas, donde no había establecido un día para acudir ni un tema sobre el que hablar, todo era espontáneo, eran menos ritualizados que en las generaciones posteriores, eran más cotidianas, más del presente, del día a día. En palabras de algún bohemio se atacaba la vida frívola y estúpida de la sociedad española.
Entre los personajes que frecuentaban estas tertulias de finales del siglo XIX y principios del XX encontramos en primer término a Ramón María del Valle-Inclán, quien perdió la mano en una disputa en el Café de la Montaña con D. Manuel Bueno; a Rubén Darío, Azorín, Unamuno, Benavente, Alberto Insúa, Antonio y Manuel Machado, Rafael Urbano, José Nogales, Luis París, Ricardo Catarinéu, Luis Bellon, Nilo Fabra, López del Castillo, Félix Méndez, Ciges Aparicio, Enrique Díez-Canedo, Antonio Zozaya, Enrique Mesa, Constantino Román Salamero, Pedro Mata, Enrique Gómez Mesa, Pedro de Répide, Bernardo G. de Candamo, Pablo Ruiz Picasso, Ramiro de Maeztu, Enrique Cornuty, Julio Camba, Abelardo Corvino, Enguita...
Los cafés más concurridos eran:
El Café de Madrid, en la calle Alcalá, en la acera de los impares, según se salía de Sol, donde germinó la generación del ‘98;
La Horchatería Candela, también en esta calle, lugar de paso cuando se salía del café Madrid;
El Nuevo Café de Levante en la acera izquierda de la calle del Arenal, según se entra por Sol. Café de melómanos donde se daban las más importantes tertulias literarias y artísticas...
El Café de Fornos fue otro Café de importancia en estos primeros años del siglo XX. Situado en la esquina entre Alcalá y Peligros, fue fundado por un sirviente del Marqués de Salamanca. Aquí Vital Aza reunía en torno suyo a un grupo de contertulios. Frecuentado por políticos, literatos y artistas cerró sus puertas en 1908. Su composición según nos la describe A. Bonet: "contaba con elegantes gabinetes reservados y salas que como acordeones se ampliaban para banquetes. Era un local solemne, patricio y serio, de cocina y tono europeizantes. Decorado con pinturas de Sala, Gomar y Plasencia entre otros, tenía muebles de caoba y sus muros estaban cubiertos por grandes espejos".
De todos ellos quizás el más importante sea el Nuevo Café de Levante. Desde los últimos años del siglo XIX hasta la guerra europea, este fue el centro de reunión de tertulias más importante de Madrid, al que no dejaban de acudir desde figuras ya consagradas, escritores caídos en el olvido, hasta jóvenes promesas de la literatura. Todos acudían allí para dar a conocer sus obras y pensamientos. En palabras de Valle-Inclán "el Café de levante ha ejercido más influencia en la literatura y en el arte contemporáneo que dos o tres universidades y academias".